Pepenadores una forma de autoemplearse debido a la falta de trabajo

Pepenadores una forma de autoemplearse debido a la falta de trabajo
  • Ellos son los recogedores o pepenadores de desechos de alimentos de los mercados municipales como las frutas y verduras y cualquier otra cosa que encuentren entre la basura para vender a los recicladores, incluso, para su propio consumo.

Armando Azamar Fonseca / Catemaco, Ver.- Sin saberlo y comprenderlo, por su extrema pobreza, se han convertido en los mejores aliados y protectores del medio ambiente, este ejército de desempleados está conformado por familias, que desde el amanecer se lanzan a las calles para realizar su trabajo, con la esperanza de que los competidores no les ganen el mandado.

Ellos son los recogedores o pepenadores de desechos de alimentos de los mercados municipales como las frutas y verduras y cualquier otra cosa que encuentren entre la basura para vender a los recicladores, incluso, para su propio consumo.

Los pepenadores pasan desapercibidos, poca gente los ve abriendo las bolsas de basura en busca de su mejor tesoro. Hay que ver en sus rostros curtidos la satisfacción que les causa encontrar más de una docena de desperdicio de comida y otros desechos para reciclarlos, porque es señal de una buena pesca y que la jornada no será tan dura.

Y es que al percatarse del señor Aurelio Figueroa de 45 años, pepenando entre la basura de las esquinas de las calles en Catemaco, nos acercamos a platicar con el mismo, externando con una tristeza en el rostro la impotencia que le genera el que mucha gente los menosprecia por el trabajo que realizan.

“Nos dicen que somos puercos porque metemos las manos en la basura, que somos vagos y tratan de corrernos y amenazarnos con echarnos la Policía. Peor sería meter las manos en lo ajeno y dedicarnos a robar, somos pobres pero honrados, y este trabajo nos da para medio vivir, del cielo no cae comida” expresó el honrado hombre.

Todos los días es lo mismo en diferentes barrios y colonias. Lo único que los mantiene es la esperanza, aunque otros ignoren que esta gente realiza una gran labor en beneficio y conservación del medio ambiente. Ellos son héroes anónimos, ignorados por la sociedad y las autoridades.

Esta forma de ganarse la vida es, en muchos casos, hereditaria, la mayoría no conoce otro trabajo que el que desarrollan entre kilómetros de desperdicios, ni siquiera ven posible otra salida. En este contexto, donde la pobreza se mezcla con la pérdida de dignidad, algunas organizaciones tratan de ofrecer una salida a la marginalidad y a la falta de proyectos de futuro.

Expuestos a infecciones, rodeados de moscas, perros de la calle, ellos son felices, pues si bien es cierto, la falta de empleo ha orillado a cientos de familias no nada más del municipio, sino a nivel nacional, a dedicarse al oficio de pepenar, aunque no se puede obtener mucho económicamente de esta gran labor.

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